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La pandemia de Covid-19 está cambiando al mundo.

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Francisco Javier Capi Hernández
El miedo al contagio, el sufrimiento de la enfermedad, las muertes, el confinamiento forzado, ha estremecido la conciencia de gran parte de la humanidad.
El alto en el camino, nos llevó a percatamos del grave daño que la raza humana le ha causado al planeta.

La explotación irracional de los recursos naturales, ha acabado con selvas y bosques, ha exterminado especies animales, ha contaminado el cielo, ríos, lagunas y mares, degradando la calidad de vida en general, y provocado enfermedades como la que es este momento nos amenaza.
La contingencia a la que estamos sometidos, ha logrado que pongamos en tela de juicio el uso desmedido de combustibles fósiles; petróleo, carbón y gas, dejando para pocos países el desarrollo de energías alternativas. Así como la extracción de metales preciosos, como el oro, que contamina gran cantidad de agua y tierras de cultivo, haciendo muy ricos a pocos y desgraciados a muchos.
La deforestación de selvas y bosques, por la tala desmedida de árboles para comercializar la madera y dedicar esas tierras a la agricultura y ganadería, ha dañado los pulmones del mundo y las fábricas naturales de agua, acercándonos a una crisis mayor a la que hayamos padecido. Así que debe ponerse un alto a esas prácticas nocivas para el mundo.
De ahí que se abogue por usar racionalmente los productos derivados del petróleo. Que se invierta más en ciencia y tecnología para que el mundo se mueva con energías renovables que no contaminen, y que la extracción minera se haga de manera responsable, sin afectar la naturaleza ni a las personas.
Que se respete el equilibrio ecológico en las actividades agropecuarias.
Se deben proteger celosamente las Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre, Predios Intensivos de Manejo de la Vida Silvestre y Centros de Conservación, pues cada ser vivo del planeta cumple con una función predeterminada por la naturaleza.
Por eso, ante el caos provocado por el coronavirus, resalta de manera positiva la iniciativa del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), para que en 2015 entrara en vigor la Ley General de Vida Silvestre, la cual prohíbe utilizar animales salvajes en los circos. Pero debe ampliarse la ley, porque es cruel separar a los animales silvestres de su hábitat natural, y recluirlos en zoológicos; públicos o privados. Estos también deben desaparecer, aunque sea paulatinamente, preparando el regreso de los animales de donde no debieron haber sido extraídos.
Asimismo, se debe prohibir tener aves en jaulas. Y si se quiere disfrutar de su belleza y canto, que se siembren árboles para que lleguen a construir sus nidos o alimentarse de sus frutos. Los documentales de la vida silvestre pueden seguir siendo útiles para conocer la flora y fauna del planeta.
Debe desterrarse la avaricia y crueldad del género humano. La sociedad de consumo y sus valores superficiales deben ser sustituidos por una forma de vida más civilizada, donde prevalezca el trato respetuoso y solidario entre las personas y las demás especies que habitan la Tierra.
El shock global creado por la pandemia de Covid-19, garantiza el cambio para bien. Cúmplase cuanto antes.

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